La obra que hi habia a la exposició es titula "La Cité du Loisir".
Es va crear al 1967, esta fet de fusta, pintura i figures de poliestirè.
A primera vista no entens gaire cosa, pero si penses i hu consultes amb profes i companys acavas posant un sentit a les figures. El significat que vam donar no t perque correspondre al que de veritat te, perque cadascu amb el qui vaig parlar tenia una visió diferent de la maqueta.
Aquesta es l'informació que vaig trobar que m'aclaren una mica la visio del progecte:
Miralda va començar a dibuixar els seus primers soldats durant el servei militar, entre 1962 i 1966. Els soldats blancs de plàstic, Soldats-soldes, va aparèixer als Tableaux-tables que va exposar i va vendre a la Galerie Zunini de París el 1967. Aquell mateix any Pierre Restany va organitzar l’exposició Superlund, en la qual Miralda va presentar unes taules amb els calaixos mig oberts, cobertes de soldats i, per primera vegada, també amb personatges civils. La seva peculiar visió del joc de la guerra es va anar escampant per mobles, aparadors i bancs públics. El 1968 va iniciar els seus Essais d’amélioration o «intents de millora»; així, les estàtues de les muses de la Pintura, l’Escultura i l’Arquitectura del Palais Galliera de París van ésser «millorades» mitjançant robes de Jouy i petits soldats blancs. Va ser llavors quan Miralda es va dedicar a recórrer els carrers de París amb un immens soldat blanc carregat a l’esquena, acció que va ser filmada per Benet Rossell en la pel•lícula París. La Cumparsita. És en aquest context que hem de situar La cité du Loisir y Proyecto de monumento para un jardín (1969), on Miralda redueix a l’absurditat la institució militar i el poder de l’Estat, expressant una actitud crítica que sintonitzava amb els moviments de protesta generalitzats arreu d’Europa entorn del 1968. Aquestes peces s’inscriuen en una línia de treball que, en un primer moment, denota la influència del nouveau réalisme que Miralda havia descobert a París; més tard l’artista va abandonar l’escultura per tal de centrar-se en l’orquestració de desfilades, festes i cerimonials amb menjars de colors, amb col•laboració amb Dorothée Selz, Jaume Xifra i Joan Rabascall.
Per als antics ioruba, l’univers era una sèrie de cercles concèntrics de poder en estat de contínua expansió. Es pensa que el poder del Totpoderós Déu Olodumare manté aquests anells sagrats eternament a l’espai. Totes les coses troben la seva raó de ser en ell i a través d’ell. Hi ha un nombre infinit d’aquests anells de poder, i totes les coses que formen part de la creació poden ésser categoritzades en funció del seu cercle d’origen. Cada un dels sants orisha que s’han considerat per a aquesta exposició ocupa un lloc determinat, en òrbita al voltant de Déu. Al costat de l’orisha que acostuma a dominar aquest espai, cada anell de valència està poblat amb la seva pròpia gent, els seus animals, arbres, fruites i vegetals, terres i mars. Els orisha són allò que mengen. El seu menjar ha capturat i conservat l’essència divina, que pot utilitzar l’home per obrar. Els antics alquimistes negres van aprendre fa molt de temps a dominar la força divina i còsmica del menjar i les plantes.
*falta fotoo!!
(el que no ens vam adonar era que el calaix es podia obrir).
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LA OBRA DE MIRALDA, pensada hecha y dirigida al público más amplio posible - iniciado en las cosas del arte o no -, se propone siempre reunir un gran número de personas alrededor de un acontecimiento o ritual que se comporten, no como espectadores pasivos sino como activos coparticipantes. Sus proyectos tratan de ir más allá del circuito cerrado de la galería y el museo, se convierten en obra efímera y en vehículo de comunicación al alcance de todos, ya que incide directamente en la memoria colectiva.
Con sus propuestas, Miralda no se limita nunca a divertir o fascinar sino que desde el comienzo hasta ahora basa toda su obra en una reflexión y la convierte en una ética del diálogo y el consenso, un lugar de encuentro de los diversos pueblos, las diversas etnias y culturas mediante el recurso al símbolo, la fina ironía, la reducción al absurdo de toda prepotencia o sed de dominio, con la voluntad expresa de mantener un rigor estético y lograr el pleno dominio de la gama de color.
Desde sus primeras obras de los años sesenta, cuando se valía habitualmente el circuito de las galerías y exponía los aparentemente inocuos Soldats Soldés (Soldados de saldo), hasta sus proyectos más recientes dirigidos a auténticas multitudes y que se caracterizan por la participación de innumerables colaboradores, sin los cuales estos proyectos no hubieran podido tener lugar, siempre su obra refleja una misma voluntad de comunicación y de reflexión crítica, de conseguir una sensación de paz y de tolerancia algo que da sentido a todo aquello que proyecta y lleva a cabo.
Quizá su cualidad más relevante es haber conseguido que, a pesar la infinidad de colaboradores que requiere cada uno de sus proyectos, tanto si son anónimos como no, imprimir su sello inconfundible, rechazar cualquier tentación kisch y mantener en todo momento un punto de elegancia espiritual y un exigente nivel estético hasta en sus obras más comprometidas.
Miralda ha llevado la imaginación y la potencia creativa a los lugares más variados, desde la 9ª Avenida neoyorquina hasta Sidney, Tokio o Texas, desde París hasta Nueva York o Miami (ciudades que han sido sus tres sucesivos lugares de residencia), sin perder nunca el contacto con Cataluña, donde no ha dejado de volver año tras año con proyectos nuevos, no siempre llevados a cabo, por cierto.
Con sus propuestas, Miralda no se limita nunca a divertir o fascinar sino que desde el comienzo hasta ahora basa toda su obra en una reflexión y la convierte en una ética del diálogo y el consenso, un lugar de encuentro de los diversos pueblos, las diversas etnias y culturas mediante el recurso al símbolo, la fina ironía, la reducción al absurdo de toda prepotencia o sed de dominio, con la voluntad expresa de mantener un rigor estético y lograr el pleno dominio de la gama de color.
Desde sus primeras obras de los años sesenta, cuando se valía habitualmente el circuito de las galerías y exponía los aparentemente inocuos Soldats Soldés (Soldados de saldo), hasta sus proyectos más recientes dirigidos a auténticas multitudes y que se caracterizan por la participación de innumerables colaboradores, sin los cuales estos proyectos no hubieran podido tener lugar, siempre su obra refleja una misma voluntad de comunicación y de reflexión crítica, de conseguir una sensación de paz y de tolerancia algo que da sentido a todo aquello que proyecta y lleva a cabo.
Quizá su cualidad más relevante es haber conseguido que, a pesar la infinidad de colaboradores que requiere cada uno de sus proyectos, tanto si son anónimos como no, imprimir su sello inconfundible, rechazar cualquier tentación kisch y mantener en todo momento un punto de elegancia espiritual y un exigente nivel estético hasta en sus obras más comprometidas.
Miralda ha llevado la imaginación y la potencia creativa a los lugares más variados, desde la 9ª Avenida neoyorquina hasta Sidney, Tokio o Texas, desde París hasta Nueva York o Miami (ciudades que han sido sus tres sucesivos lugares de residencia), sin perder nunca el contacto con Cataluña, donde no ha dejado de volver año tras año con proyectos nuevos, no siempre llevados a cabo, por cierto.
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